Tomb Raider sigue siendo un hito de la primera época de PlayStation, no porque haya escapado al paso del tiempo, sino porque su exploración y su atmósfera aún resultan inconfundibles. Lanzado en 1996 por Eidos Interactive y desarrollado por Core Design, el juego ayudó a popularizar a Lara Croft y presentó a los jugadores una nueva clase de aventura tridimensional.
Su rasgo más distintivo es la forma de tratar el espacio. Cuevas, templos, piscinas, salientes y pasadizos ocultos son entornos que hay que estudiar, no pasillos por los que correr sin más. Hay que calcular distancias, encontrar rutas y averiguar cómo afectan las palancas a otras zonas del nivel. El avance depende tanto de la observación y la percepción espacial como del movimiento.
Explorar en silencio
La soledad es fundamental para la identidad del juego. La música aparece de forma selectiva, y deja que los pasos, los sonidos ambientales y los gritos repentinos de los animales creen tensión. Perú, Grecia, Egipto y la Atlántida parecen lugares abandonados que hay que recorrer con cuidado. El modelo poligonal de Lara y las texturas son sencillos, pero la escala y el misterio de estos lugares siguen funcionando.
Ese énfasis también explica por qué el combate es menos satisfactorio. Enemigos como lobos, murciélagos, osos y dinosaurios crean momentos de peligro, pero los enfrentamientos se basan en un sencillo sistema de fijación de objetivos y movimiento lateral. El combate puede interrumpir la exploración sin alcanzar la precisión de los puzles ambientales.
Controles rígidos, diseño intencionado
Los controles tipo tanque de Lara pueden resultar torpes a quienes estén acostumbrados a los juegos de acción modernos. Los saltos suelen exigir una secuencia deliberada: colocarse, tomar impulso, saltar y agarrarse a un saliente. El sistema está estrechamente ligado a niveles diseñados en torno a distancias medidas y movimientos cuidadosamente planificados, aunque hoy algunas secciones resultan lentas o frustrantes.
Lara se convirtió rápidamente en un personaje inconfundible, impulsada por una campaña de marketing que la hizo omnipresente en la cultura pop. En el juego, sin embargo, también es el medio con el que los jugadores ponen a prueba el entorno: trepa, nada, salta y cae. El argumento más sólido a favor de la vigencia del personaje es que su identidad se fundamenta en el movimiento y la exploración del juego.
Veredicto
El primer Tomb Raider ha envejecido de forma desigual, pero su importancia y su atmósfera perduran. Sus controles rígidos, su combate sencillo y sus tramos exigentes son limitaciones reales; cuando deja espacio a la soledad, la observación atenta y los puzles ambientales, su atractivo sigue intacto. El juego enseñó a toda una generación a orientarse y pensar en espacios 3D, así que es mucho más que el título que lanzó a Lara Croft como icono.
Nota final: 9.0/10
• Gráficos: 9.0
• Sonido: 8.0
• Jugabilidad: 8.5
• Duración: 9.0
Fuente: Retro-Gamers.it




